13 diciembre 2005
10 diciembre 2005
El mundo en calma
"Sí, digamos de mí
que al menos estoy en mi insano juicio.
Sentado aquí, perdido en mi vida.
Sentado aquí y aún huyéndome.
Sí, querrás convenir
en que esto no puede ser llamado vida.
Me muevo de la cama a la cocina
y en el camino me vuelvo a peder."
N.V.
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05 diciembre 2005
Jews for Jesus blues
I was searchin for somethin'
I could not describe.
So I stared at the sun,
'til the tears filled my eyes.
I thought I was empty,
so I paid the cost.
Now that I'm found,
I miss bein' lost.
Well, I opened my heart
and I let Jesus in,
with the promise that I
would be free of my sin.
But I only felt guilty
that he died on the cross.
Now that I'm found,
I miss bein' lost.
I don't wanna suffer
and I don't wanna die.
I want the clouds parted
and endless blue sky.
But someone up there
has a different plan.
Now that I'm saved,
I wish I was damned.
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dEUS
después de casi diez años, sentía que se cerraba un círculo.
aunque la sala era otra, podría haber pasado por la misma perfectamente.
el ambiente era espectacular: lleno total, luces, nube de humo. En eso si que había diferencia con aquella noche en Revolver. Más que de dEUS, parecía un concierto de Radiohead o incluso de U2. Mucha niña mona, pero ninguna sola. Curiosa amalgama de alternativos, indies, Erasmus y pijos inn; amplio espectro de minorías el que abarca este grupo.
Delante de mi, una pija de mechas me alegró la primera mitad del concierto. Aunque su borjamari -que parecía haber salido de un anuncio de Clio- me eclipsaba con su metro noventa y no dejaba de empujarme con sus bailes extáticos, sin duda efecto del canuto de "maria" que se estaban rulando -que supercanallas-.
Cuando salió el líder del grupo, cuyo nombre jalearon fieles e histéricas, me llegó un comentario de la pija en cuestión: "se le nota más viejo".
Nos ha jodido. El tiempo no pasa en balde para ninguno. Pensé en cuánto habría cambiado yo desde entonces.
Ya no lucía su melenita de gamberro: en su lugar se apreciaba una incipiente calvicie que compartía con casi la mitad de la audiencia masculina; ni tampoco ese aire de locura juvenil que a duras penas lograba desatar en los riffs más ruidosos. Pero mantenía un atractivo de tipo duro, al más puro estilo Russel Crowe, que sin duda le seguía valiendo para que la rubia más sexy de la sala -apostaría que era inglesa- intentara desesperadamente colarse en su camerino al final del concierto.
Me acordé de aquella otra noche, cuando me enseñó el dedo medio porque seguía fijamente su mirada, hipnotizado por su voz y por la atmósfera sonora que creaban el bajo y los samples de jazz. Pensaría que me lo quería tirar, el muy capullo.
No, ni el ni yo teníamos mucho que ver con los de aquella noche.
Esta vez no sentí esa conexión. No conseguí engancharme a la descarga energética que enloquecía a la masa sudorosa. No me gustó el intento de revival con los nuevos miembros -más jóvenes- de la banda. Y tan sólo los últimos temas nuevos llegaron a igualar -que no superar- el placer que me produjo el kebab de después del concierto.
Interesante sí. Emocionante no. Será que ya no es esa forma de sentir la que me emociona?
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04 diciembre 2005
Crónica postergada de una noche de perros
Salí tarde del hotel para llegar temprano.
Lo siento, pero tengo que contar lo de la bolsa de cemento:
"Como Kevin Smith en Mall Rats -parodiando a Amaral-, o como aquel judío que doblaba cucharas, la miré desde la esquina de no se cual kalea peatonal:
Y llegó hasta mis pies,
arrastrada por el viento
desde el tejado de El Corte Inglés,
la bolsa de cemento."
Apareció la señorita k. con una sonrisa cruzada como si fuera para alguien que estuviera detrás de mi. Creo que hice incluso amago de girarme.
Subimos otra vez aquella curva junto a la ría. Lo recuerdo porque tuvimos que saltar una valla.
Comimos y bebimos.
Y bebimos más.
Y hablamos del amor.
Y nos reímos.
Y al volver al hotel, como llovía, ella sacó un paraguas y me cogió del brazo -no sin antes decírmelo-. Yo sentí que tenía un brazo útil; y el calor se extendió al resto de mi cuerpo.
Como buenos amigos, apenas nos despedimos. Aunque yo prometí que algo escribiría.
Añadamos pues ésta a mi lista de promesas incumplidas, porque dormí la mona nada más rozar la cama.
"Y empiezo a pedir así:
Por las cosas que siento y por aquellas que odio sentir;
por mi mala cabeza;
porque mi calavera, ella, no dejará de reír;
por las lunas nuevas;
por las cosas revueltas que dan vueltas dentro de mí ..."
N.V.
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